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Mayid Brenes
Desde adentro

Cómo la inteligencia artificial cambió mi forma de ejercer el derecho

Un relato en primera persona sobre lo que la IA cambió en mi día a día como litigante y notario, tarea por tarea, y sobre lo que no cambió: el criterio, la responsabilidad y la fe pública.

Por Mayid Brenes9 min de lectura
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Figura clásica bajo un haz de luz
Desde adentro

Lo esencial

  • La IA me sirve para investigar, redactar borradores, resumir expedientes, revisar contratos, traducir y hacer de abogado del diablo; nunca para decidir por mí.
  • Verifico cada cita en el SCIJ y en la fuente primaria antes de firmar nada: la IA acelera la búsqueda, no releva mi deber de diligencia.
  • No introduzco datos confidenciales de mis clientes en herramientas de IA de consumo, por respeto al secreto profesional y a la Ley 8968.
  • Siempre hay un ser humano en el circuito, y revelo el uso de IA cuando los Lineamientos del Poder Judicial lo exigen.
  • Lo que la IA no toca es lo que define al abogado: el criterio, la responsabilidad frente al tribunal y la fe pública notarial.

Sí, la inteligencia artificial cambió mi forma de trabajar, pero no cambió mi oficio. Hoy investigo, redacto y reviso más rápido porque uso herramientas como Claude y ChatGPT con método. Lo que hago con ellas es acelerar tareas mecánicas y ganar tiempo para pensar. Lo que no delego, y no delegaré nunca, es el criterio, la verificación de cada cita y la responsabilidad de firmar. La fe pública sigue siendo mía, indelegable.

Llevo más de treinta años en tribunales y en la notaría. Fui Director Jurídico de RECOPE. He visto llegar el fax, el correo electrónico, el expediente digital. Aprendí que cada herramienta nueva provoca dos reacciones igual de equivocadas: el rechazo por miedo y el entusiasmo sin frenos. Con la IA decidí un tercer camino, que es el único que me parece serio: usarla, entenderla y ponerle guardas antes de dejarla entrar a mi trabajo.

¿Para qué uso la IA en mi práctica, tarea por tarea?

Prefiero hablar de tareas concretas y no de promesas. Estas son las seis cosas para las que la uso todos los días, y en cada una hay una línea que no cruzo.

¿Cómo la uso para investigar?

La IA me ayuda a orientarme rápido en un tema, a formular hipótesis y a ubicar por dónde empezar. Pero jamás cito lo que ella me devuelve. Cada norma, cada sentencia, cada criterio lo verifico en el SCIJ y en la fuente primaria antes de escribirlo en un escrito. Lo digo sin rodeos: la IA a veces inventa citas con una seguridad pasmosa. Por eso trato cada dato como una pista que debo confirmar, nunca como una verdad. El deber de diligencia del artículo 39 de nuestro código de deberes no se terceriza a una máquina.

¿Cómo la uso para redactar borradores?

Le pido un primer borrador de un escrito, una demanda, una cláusula. Ese borrador me sirve para no partir de la página en blanco, que para cualquiera que redacte todos los días es un ahorro real. Después lo reescribo entero con mi criterio, mi estrategia y mi tono. El texto que sale de mi oficina es mío, con mis argumentos y mis riesgos calculados. La IA me da el andamio; la construcción la hago yo.

¿Cómo la uso para resumir expedientes?

Un expediente de mil folios se resume en minutos, y eso me devuelve horas para lo que importa, que es pensar la estrategia. Le pido líneas de tiempo, quién dijo qué, dónde están las contradicciones. Aquí aparece la guarda más delicada: no subo documentos con datos personales identificables de mis clientes a herramientas de consumo. Trabajo con versiones anonimizadas o con entornos que respeten la confidencialidad, porque el secreto profesional del artículo 41 y la Ley 8968 no admiten atajos.

¿Cómo la uso para revisar contratos?

Tengo un playbook, una lista de cláusulas y criterios que aplico según el tipo de contrato. Le paso el contrato y le pido que lo contraste contra ese playbook: qué falta, qué está mal balanceado, qué cláusula protege a la contraparte más de la cuenta. La IA es rápida detectando lo que se repite y lo que se omite. La decisión de qué es aceptable para mi cliente, y qué no, la tomo yo, porque conozco su negocio y su tolerancia al riesgo.

¿Cómo la uso para la traducción español-inglés?

Buena parte de mis clientes son extranjeros o hacen negocios fuera del país. Uso la IA para traducir consultas iniciales y borradores entre español e inglés, lo que agiliza el primer contacto y me deja entender de inmediato lo que necesitan. Cuando la traducción tiene efectos legales, la reviso palabra por palabra, porque un matiz mal traducido en un contrato cuesta caro.

¿Cómo la uso como abogado del diablo?

Este es mi uso favorito. Cuando tengo un argumento que me gusta, le pido a la IA que lo ataque, que encuentre sus grietas, que piense como la contraparte o como el juez que me va a negar la pretensión. Me obliga a anticipar objeciones antes de llegar a la audiencia. Un colega que discrepa siempre vale oro; la IA no reemplaza a ese colega, pero me da un primer sparring a cualquier hora de la noche.

Uso la IA como herramienta, no como sustituto de mi criterio. Me ayuda a investigar, redactar y revisar más rápido; la responsabilidad, la verificación y la fe pública siguen siendo mías.

¿Cuáles son mis guardas, y por qué son la parte importante?

Insisto en esto porque es donde se juega la responsabilidad profesional. Las guardas no son un accesorio de mi uso de la IA: son mi posición. Sin ellas, la herramienta se vuelve un riesgo para el cliente y para el abogado. Estas son las cuatro que no negocio:

  • No introduzco datos confidenciales de mis clientes en herramientas de IA de consumo. El secreto profesional del artículo 41 y la Ley 8968 de protección de datos me obligan, y ninguna eficiencia justifica romperlos.
  • Verifico cada cita en el SCIJ y en la fuente primaria. Si no la encuentro en el original, no existe para mí.
  • Siempre hay un ser humano en el circuito. La IA propone; yo dispongo, reviso y firmo.
  • Revelo el uso de IA cuando corresponde, conforme a los Lineamientos que el Consejo Superior del Poder Judicial dictó el 12 de febrero de 2026.

He escrito aparte, con más detalle, sobre cómo usar ChatGPT y Claude sin violar el secreto profesional, porque es la duda que más me plantean los colegas y merece su propio espacio.

¿Qué no cambió la IA en mi trabajo?

Lo esencial no lo tocó. La IA no comparece por mí ante un tribunal, no lee la cara del juez, no siente el peso de una audiencia donde está en juego el patrimonio o la libertad de una persona. No asume la responsabilidad de lo que firmo. Y desde luego no ejerce la fe pública, que es un acto humano, personalísimo, que el Estado deposita en el notario y en nadie más. Una máquina no da fe. Ese sello, con mi nombre, responde ante la ley por lo que certifica.

Tampoco cambió la relación con el cliente. La confianza se construye mirando a los ojos, escuchando lo que no se dice, entendiendo el miedo detrás de una consulta. Eso no se automatiza. La IA me devolvió tiempo para dedicarlo justamente a eso: a estar más presente en lo que solo puede hacer un abogado de carne y hueso.

¿Por qué decidí enseñar esto?

Porque veo a colegas en los dos extremos: unos que le tienen pánico y se quedan atrás, y otros que la usan a ciegas y se exponen a una sanción o a un mal resultado para su cliente. El método intermedio, disciplinado, se puede enseñar. Por eso armé, junto a Harmony Labs, el taller de IA para abogados, donde muestro con casos reales el flujo de trabajo que uso, las guardas que aplico y los errores que conviene evitar. No vendo una marca ni una herramienta de moda; enseño un criterio.

La tecnología seguirá cambiando. Las herramientas de hoy no serán las de dentro de cinco años. Lo que no cambia es la obligación del abogado de responder por su trabajo con su nombre y su firma. Uso la IA precisamente para honrar mejor esa obligación, no para escapar de ella.

Mayid Brenes

Mayid Brenes es abogado y notario público con más de treinta años de ejercicio en litigio administrativo y laboral, derecho público y energía. Fue Director Jurídico de RECOPE, la empresa nacional de energía.

Preguntas frecuentes

¿Usar IA en la práctica legal viola el secreto profesional?

No, si se usa con guardas. El riesgo aparece cuando se introducen datos confidenciales del cliente en herramientas de consumo. Yo trabajo con información anonimizada o en entornos que respetan la confidencialidad, conforme al artículo 41 del código de deberes y a la Ley 8968 de protección de datos.

¿Se pueden citar directamente las sentencias que devuelve la IA?

Nunca. La IA puede inventar citas con apariencia convincente. Toda norma o resolución debe verificarse en el SCIJ y en la fuente primaria antes de incorporarla a un escrito. El deber de diligencia no se delega a una máquina.

¿Hay que revelar al tribunal que se usó IA?

Cuando corresponde, sí. En Costa Rica, los Lineamientos que el Consejo Superior del Poder Judicial dictó el 12 de febrero de 2026 marcan cuándo debe revelarse el uso de IA. Conviene conocerlos y aplicarlos.

¿La IA puede sustituir el criterio de un abogado?

No. La IA acelera tareas, pero no decide, no comparece, no asume responsabilidad ni ejerce la fe pública. El criterio, la estrategia y la firma siguen siendo del profesional.

¿Para qué tareas concretas conviene empezar a usar IA?

Para investigar como punto de partida, redactar primeros borradores, resumir expedientes, revisar contratos contra un playbook, traducir entre español e inglés y hacer de abogado del diablo con los propios argumentos. Siempre con verificación humana al final.

Fuentes

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